El arte de mirar (*)

El arte de mirar (*)
Junio 8, 2020 Ediciones Moneda

Quiero hacer notar al querido público, que agradezco a mi compañera y cómplice Carmen Avendaño, esta oportunidad que me da de presentar “Nada significa nada”, por Ducentésima Quincuagésima vez. 

Ahora más que nunca ya hemos templado nuestras convivencias en todas las circunstancias en donde implique compartir la buena vida, porque si algo jamás nos separará es nuestro absoluto, rotundo, voraz y feroz, abundoso y galopante amor y pasión por la comida. Y hemos compartido algunas anécdotas impropias…Pero ya saben cómo es Avendaño.

Ella cree que no recuerdo un coño de nada y que mi memoria es una batea en donde una canica oscila sin resistencia. Aunque eso es absolutamente cierto, rememoro lo necesario para proceder a una presentación más de su libro, que involuntariamente y como una mala maña de programación neurilongüística, Carmen implantó en mí en calidad de oráculo, como lo concibió.

En Chile el equivalente de la cajeta se llama manjar. Con el manjar se rellena un cuchuflí. Que puede ser largo o corto. Asegún la boquetoniez. Pero en este libro pleno de revelaciones, verdad indebatible para mí ahora es que aprecié su calidad de oráculo y de pitonisa, palabras que juntas son una premonición en sí.

Ahora, con la autoridad que me compete sobre saber quién es esta poeta – más allá de la mujer que me ha acompañado en accidentados tramos del tiempo en donde perviven mis mejores amigas en esa dimensión desconocida – puedo hablar del alma de un libro, más allá de un conjunto de aforismos, que al final ellos todos son Carmen diciendo algo cuando por fin llega a habitar en el sitio más entrañable y querido para ella, que es su propia cabeza: ahí en donde está la que ahora escribe y nos regala este libro. Es su casa del árbol su espacio creativo, su mente y lugar para florecer las ideas. 

En un viaje a un curso que haríamos a La Ligua, Chile, hablamos de Lafcadio Hearn como un importante referente de nuestros abrevaderos literarios. Ella usó una traducción de Hearn para citar en este libro y yo le conocí cuando investigaba para una columna que hablaba sobre la melancolía. Una cosa llevó a la otra y en una referencia de Hearn sobre la poesía japonesa, anotaba la melancolía de una madre que miraba los agujeros de las puertas soji, de papel de arroz, hechos por las manecitas de sus bebés que apenas empezaban a caminar. Por supuesto esta melancolía era la de una madre que había perdido a su hijo. Le conté la anécdota claro, que es mi preferida porque es ruda y sutil a la vez. Lafcadio Hearn nos une a todos y esta remembranza chilena nos acerca al ars poética del libro. En este volumen de aforismos que ahora nos reúne, nos remite a la delicadeza con la cual Hearn descifró el budismo japonés, con la puntualidad y el respeto que sólo un traductor que ama entrañablemente los lenguajes que transita, puede ejecutar. 

En cada presentación que he hecho de “Nada significa nada” siempre me he referido a sus dones de oráculo, porque no sólo en el verso del cuchuflí se planteaba un instante futuro, sino porque es preciso encontrar en las verdades personales, nuestra verdadera identidad y memoria de lo que queremos plasmar como nuestra creación. Un buen libro de poesía, si está bien escrito, siempre será un oráculo.

Y para mayor convergencia entre la poeta aquí presente y está pobre madre soltera de Saltillo, he de decir que ella nació en la misma fecha en que mi mamá nació. Obviamente no en el mismo año. Las dos son del 3 de octubre. No sé que sino malvado me dio esta coincidencia, pero ellas matchan en puntos focales en donde seguro sé que me sacarán de quicio, pero que dos minutos más tarde, estaremos desenredando el estambre que el gato olvidó desenredar. Carmen no sabe todo lo madre que es hasta que lo es sin siquiera pensarlo. Es una madre orgánica como con sus poemas: lo hace florecer hasta que ellos mismos sepan el cúmulo de su precisión verífica o su simple belleza.

Haber estado en el nido de Carmen, a donde su familia nació para emigrar, me fue revelador porque a la vez mis dioses fueron desacralizados por nimiedades: dejé de ir a la tumba de José Donoso porque íbamos a la pizzería con ene cantidad de cervezas artesanales y un delicioso hombre en el servicio. Nos desviamos de la idea de ver el Santo Cristo con la corona de espinas como collar porque se le acomodó así en un temblor. y es ahora sito en la iglesia de San Agustín. Nos fuimos mejor a cambiar dólares para ir a beber… Amé mucho ese viaje. A la gente linda que nos acogió, a la banda con quienes pasamos año nuevo quemando a un Piñera culiao hecho de trapo. Fuimos de todo y sin medida.

Estos aforismos que ahora les presento, asúmanlo como un oráculo. Nunca sabes qué te va a tocar en el cuchuflí y tanto puede ser un aforismo que grita un nombre que ahora es la sombra de alguien o es una memoria infantil que esconde la terneza como un volauvent. Ustedes escojan cuando abran el libro con una pregunta en la cabeza.

El oráculo es una forma de mirar al tiempo, como lo es el haikú, que es el arte de mirar.

Feria Internacional de Libro de Valparaíso 2019

 

Texto leído durante la presentación del libro en el bar Gargantua, Monterrey, México

Elia Martínez Rodarte es autora de Ivaginaria, columna de sexología, educación integral en la sexualidad y vinculación afectiva que se publica tres veces por semana desde 2003 en los periódicos Metro de Grupo Reforma. Es sexóloga educadora, periodista y tallerista en temas de sexualidad y erotismo, literatura erótica y autora del libro Ivaginaria (Posdata 2003).

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