Posesión

Posesión
Febrero 12, 2021 Ediciones Moneda

 

Procuro que el libro pase por mis manos sin dejar huella -mis manos en él, él sí en mí. Trato de cuidarlo si viene frágil, para nuevas posteridades. De niña viciosa leía comiendo chocolate, fue inevitable alguna marca. De adulta viciosa una salpicadura de café, una ceniza mal limpiada de la tapa.

No más que eso. No la tentación de doblar la oreja. No sentarse sobre él con toda la carga sin soltarlo más. No anclarse en una lectura. Libros que aún no puedo dejar ir, libros que cargo desde hace 4000 años y 2000 mudanzas. Libros que como yo fueron hechos de arcilla y agua. Génesis escritas en vivo y en directo.

¿Cómo pueden marcarme sin marcarlos yo? Uso un lápiz grafito suave para subrayar o ir dialogando al momento de leer; uso notas adhesivas de colores para marcar grupos de ideas. Transcribo pasajes que se me pierden entre listas de pendientes, claves de acceso y escritura propia. O mejor: escribo una reseña.

Jamás he anotado mi nombre en un libro, como no sea para firmar el que escribí yo misma. Supongo que es una forma de la posesión. Y editado yo misma: doble posesión para soltar-publicar. ¿Pero quién es yo misma cuando escribo? Mientras más soy la otra más me expreso, mejor me imprimo. Yo es un pretexto para firmar un libro.

La posesión de los libros es modelo, es molde. Es huella invisible que deja en mí, huella dactilar del significado, mía por única y única por mía, seguida de nuevas otras huellas en otros, irrepetibles. Una impresión simultánea y recíproca. Nítida. Nunca en serie.

 

Carmen Avendaño