Los espacios digitales del libro

Los espacios digitales del libro
Mayo 30, 2020 Ediciones Moneda

Un poco más de dos meses han pasado desde que, por el encierro obligatorio, se detuvo la operación de la cadena de producción editorial. Las diversas reacciones del gremio han dejado una lección clara: las editoriales, como toda empresa, requieren de una participación más activa en las plataformas digitales y lo habían estado postergando voluntariamente durante varios años.

La reciente oleada de mesas redondas, pláticas, presentaciones y eventos digitales alrededor del libro, algunas planeadas con la intención de sustituir su versión presencial y otras totalmente improvisadas, ahondan en el tema de moda: ¿Cómo impactó la crisis del COVID-19 a su librería, editorial o industria? Vale la pena resaltar que para hablar de puntos favorables y puntos de reflexión se investigó en los siguientes eventos: la Feria del libro infantil de Bolonia, la Feria internacional del libro de Bogotá, Colombia (Filbo), la Feria del libro independiente de Valparaíso, Chile (Fliv), BookExpo (EEUU), Feria del libro de León (México), Conversaciones para hacer que los libros se vean (organizadas por la empresa Metabooks), los cursos promovidos por la extensión de capacitación Editamos de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (México), el Decálogo para editar un libro producido por el Cerlalc (Latinoamérica),  el Festival Alfonso Reyes en casa, organizado por la Universidad Autónoma de Nuevo León (México), los encuentros organizados por editoriales emergentes y las pláticas promovidas por las editoriales mexicanas ERA, Sexto Piso y Almadía, quienes están haciendo campaña para recibir donaciones de los lectores y puedan salvar, momentáneamente, su operación. Además puedo añadir algunos eventos organizados por la industria del cómic y la novela gráfica de Estados Unidos.

Han sido dos meses intensos en el mundo del libro y me parece importante hacer un corte de caja para revisar lo bueno y lo no tan bueno con miras de adaptarnos a “la nueva normalidad”.

Puntos favorables

  1. Llevo 15 años en el mundo del libro y nunca había visto una reacción en masa, por parte del gremio editorial, como la que se dio en este año. El acontecimiento más parecido fue cuando se quiso introducir al e-book como el sustituto del libro impreso. Las editoriales se volcaron a las redes. Facebook, Instagram, Twitter, y sobretodo Youtube son las plataformas que están conectando a los editores, con colegas y con lectores. De 24 presentaciones, pláticas, mesas de análisis o cursos a las que me pude conectar en vivo, el promedio de asistentes fluctuó entre los 15 en sus puntos mínimos, hasta 300 en sus puntos máximos, todo ello con la ventaja de, si se deja disponible, aumentar el número de visitas, como ha sucedido en muchas de ellas que ya rebasan los cientos de reproducciones. ¿Es esto permanente? Por el bien de la industria, esperemos que lo sea.
  2. El mundo se abre ante nuestros ojos. La Filbo organizó una plática con Roger Chartier a la que no iba a asistir, la Fliv me presentó a editoriales que en mi vida hubiese encontrado, la galería virtual de ilustradores de la feria de Bolonia es una maravilla, conocí a varios libreros norteamericanos y sus estrategias para llevar a la gente a bibliotecas, en fin, expositores de todas las latitudes han expuesto sus casos y por otro lado, autores que difícilmente tendría la oportunidad de ver, han abierto sus casas para platicar acerca de libros y de lecturas. Aun siendo parte de la cadena del libro, es físicamente imposible asistir a tantos eventos o conocer a tantos autores, editores, libreros o distribuidores. La industria editorial se había estado negando a entrar a esta nueva globalización y ahora es un espacio que debe considerarse obligatorio y vital para el desarrollo del gremio.
  3. Es indudable que herramientas como Zoom, Facebook live o Youtube, son esenciales para la comunicación en nuestros tiempos y a pesar de las críticas ante el peligro del robo y mal uso de los datos personales, las empresas se siguen arriesgando a utilizarlas por ser los medios más populares y accesibles. Por lo pronto, la existencia de dichas herramientas ha facilitado la realización de los eventos. Sin embargo debemos pensar en como administrarlos para no ser presas de sus condiciones de uso.
  4. Es claro que un gran evento de profesionales puede funcionar en esta modalidad, la directora de la Feria del libro de Bolonia reportó una asistencia digital de 60,000 profesionales del libro infantil, por otro lado, la Filbo señala que más de dos millones de personas de todo el mundo estuvieron atentas a sus eventos y exposiciones. Aun falta analizar los resultados de las editoriales y su contraste con una feria presencial, no cabe que es un inicio favorable.
  5. Se juntaron por fin los libreros, los editores y los autores. Se están sentando a platicar y lo mejor de todo es que están abriendo caminos para un entendimiento editorial que trasciende sus contextos y fronteras. También se han integrado bibliotecarios, distribuidores, desarrolladores de software para libros digitales y audiolibreros. Ya veremos si se plantan semillas que florezcan en mercados más fuertes y unidos.

Puntos para reflexionar

  1. A estas alturas, como “asistente”, me siento sobresaturado tanto de presentaciones de libro, como de mesas de discusión o charlas temáticas, incluso de autores. Probablemente estamos pecando en usar a los mismos personajes todo el tiempo, sin darles algo novedoso que hacer, los temas se repiten y las presentaciones cansan, el bombardeo es todos los días y puedo encontrar eventos a toda hora. Es entendible la calendarización superpuesta de los eventos, las editoriales que organizan su colecta han elegido el bombardeo constante y de muchas formas, lo necesitan para llegar a su meta. Mientras otros optan por calendarizar y elegir horarios y días estables, pero eso no evita que se encimen unos con otros. No me parece que debamos detenernos, pero si ponernos de acuerdo e impulsar eventos afines, la solidaridad nos puede ayudar a salir adelante. Así como en cualquier actividad de equipo, los esfuerzos individuales solamente alcanzan frutos cuando se combinan entre si para un mismo fin. Corremos el riesgo de desgastar al público.
  2. La calidad de las transmisiones es muy diferente, dependiendo de las herramientas de cada expositor o del tipo de presentación, pero en general aceptable, hubo pocas interrupciones o fallas tecnológicas. Lo que si sucedió es que salvo las organizadas por la Filbo o Metabooks, muchas rebasaban la hora y cuarto de duración. Para comparar, un video de un canal de entretenimiento de Youtube dura entre 5 y 20 minutos, los más largos son para públicos ya establecidos con formatos que el auditorio conoce. Hay que tomar nota de ello.
  3. Sinceramente, como pasa en algunos eventos presenciales, muchas mesas de discusión se convierten en espacios de terapia grupal para editores. A pesar de mi interés al respecto, sí tuve que cortar algunas porque llega un momento en que son tan locales que dejan de ser útiles para mi entorno.
  4. No compré ningún libro. Lo más cercano que estuve de comprar un libro fue uno de Almadía y después de un rato, por otras ocupaciones olvidé hacerlo. Otros que me interesaron están en Chile o Argentina, sin versión digital. Es importante establecer mejor los canales de compra en este tipo de situaciones, estoy seguro que se pueden mejorar.
  5. No son ferias, se parecen, sin duda, pero no lo son, son otra cosa. Insisto mucho en que no cometamos el error de llamarles ferias cuando uno o varios factores de una feria presencial son irrepetibles. La venta de ejemplares, la recomendación personalizada, los eventos musicales o culinarios, desafortunadamente no pueden ser sustituidos. Busquémosle otro nombre, otros formatos, explotemos el medio, adaptémonos y bauticémoslo, porque mucho me temo que en 10 años sigamos discutiendo si esto es o no es una feria, como seguimos haciéndolo con el e-book.

Esta es una breve perspectiva que tiene el ánimo de seguir construyendo un diálogo que aporte al futuro de nuestra industria, pero sobre todo para notar cuales son los principales factores que nos abonen materiales para una reconstrucción más efectiva y rápida. La gran ventaja de los espacios digitales es que ya tienen un desarrollo previo muy importante, la curva de aprendizaje no debe ser tan tortuosa, al contrario, es un medio abierto a muchas posibilidades para la industria editorial.

Hugo Rioja Editor, consultor, escritor y distribuidor de la Ciudad de México con 15 años de experiencia en la participación, organización y análisis de eventos alrededor del mundo del libro y la lectura. Ha participado en más de 200 ferias en México y alrededor del mundo. Actualmente realiza una tesis de maestría acerca del papel de las ferias en la cultura editorial.